5.6.09

EL PUCHO DE LA PUTA VIEJA

Sonriente, bajó la ventanilla del acompañante para darle el último beso, luego de que ella le informase que no podía verlo más. Casi se mea encima cuando cayó en la cuenta de que la había arreglado. Se sonrió y empezó a moquear descontroladamente.
Se sintió como un sorete por haber discutido y gritado tanto por el pucho que no se podía fumar o por los 42 Cº que vencían a su querido Dove.
Subió el ascensor llorando como un marrano y la culpa la aplastó dejándola pegada a la alfombra como un chicle.
Es tan idiota que tardó un mes clavadito en darse cuenta de que no la arregló para ella.

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